martes, 17 de febrero de 2009

Mi nombre es...

...Alfredo y trabajo en la empresa familiar desde que fui capaz de llevar yo solito al "Capitán Gris" hasta el "Prao de la hierba buena".

La verdad es que ya me encargo de todo un poco, aunque últimamente lo que más tiempo me lleva es buscarle los alfileres a la tía Paca y llevárselos bien sujetos al almohadín. Algunas veces cuando se dan bien las cosas, también recojo las lanas y hago con ellas pequeños ovillos, y si ya no los va a utilizar, los uso yo para rabiar a los gatines haciéndoles saltar a por el boliche de lanitas, o si me coge con tiempo para ponerle una peluca de colores a las marionetas de madera de Padre.

No me quejo, ¡como me iba a quejar!

Lo más emocionante es cuando hay que contar los puntos con ella, porque como ya casi no ve, necesita de alguien que se quede junto a ella mientras hace patucos y bufandas y le diga de vez en cuando: "¡Aaaay tía Paca! que se nos ha vuelto a saltar un punto".

Ella se ríe un poco y me contesta: "Si en la aldea supiesen lo bien que me ayudas, ya te habrían llamado de muchos sitios, pero todo llegará pequeñín". Y se vuelve a reír entre dientes mientras canturrea los puntos con la cara más feliz que jamás he visto y yo protesto diciendo que ya soy un zagal y que no tiene que llamarme pequeñín. Aunque la verdad es que cuando no hay nadie delante no me importa que me lo llame.



Hay veces que las arrugas son un mapa de la hermosura, y cada una de las que tiene la tía Paca en su rostro, sirven para contarte (si les prestas atención) lo alegres que han pasado por aquí los años.

...

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jueves, 4 de diciembre de 2008

Independencia.

Preciosa mujer madura, mangante de composturas
cimbreante ser que miente santa madre de serpientes
que deja caer sus manzanas saltando las aduanas
desgajando las aceras, al marcar con sus caderas
ritmos que llaman ternura, a lascivias y diabluras
por espiar donde vaya, los gestos que nunca ensaya
para acabar... poco importa, regalándole mi aorta.



Te quedas observándola una vez más, al frío calor del sol de invierno, y de pronto te fijas en una sombra, con cuerpo y color, que cuelga de su mano y corretea cuando le dejan; una copia exacta de ella, una imagen hecha a escala, a otro tamaño y más tierna.

- ¿Dónde vas? - Te preguntas expectante sentado en tu oscuro banco de piedra fría y discreta; y ella, sin buscarlo, te responde al parar junto a una escuela.

- No te pierdas Libertad, lee de su alma y sus huellas, para aprender lo que digan, hay que tener gran conciencia, pues ni ellos saben todo, ni tu saber es certeza. Escucha, pregunta y discute, da la razón si la llevan, pero ni una sola vez, calles si no crees en ella. Dame un beso Libertad y siembra paz en esta guerra.





¡Que Pipo os acompañe!

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martes, 29 de julio de 2008

Tiempo

Pararlo, hacerlo correr, querer que desaparezca o intentar ir en su contra; aferrarnos a él con fuerza para después, cansados de dar la cara, escondernos de su escrutinio.

Tiempo.


La misma brisa que hoy nos revuelve el pelo, podría habernos hecho volar entonces, cuando todas nuestras velas estaban desplegadas y nada nos retenía salvo la indecisión.

Los mismos huracanes que entonces deseábamos encontrar ahora nos erizan el vello, mientras, con los ojos cerrados por el placer, nos dejamos mecer por su aliento: calor helado sobre nuestra piel.

Las cartas que no envió se quedaron escondidas entre las páginas de un libro de encantamientos y ahora que el sol apoya sus brazos sobre el tapete, van llegando lentamente, haciendo de la pausa un credo y de la impaciencia carne de cañón para su risa.

Juega, juega como siempre ha hecho, juega para existir.

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martes, 11 de marzo de 2008

Espera

¡Pásame canciones tristes! - dijo ella convirtiendo su esencia en una insólita contradicción - ¡Vamos! ¡Lo necesito!

Su ímpetu, su urgencia por inducirse un estado de languidez me trasladaban ligeramente fuera de mi propio cuerpo; no tan lejos como para dejar de sentir la piel, pero sí lo suficiente como para que mi voz naciese extraña, desplazada, huérfana de mi.

Espera - me escuché decir - Tengo algo que me encanta...

Where the wild roses grow, de Nick Cave con Kylie Minogue

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lunes, 7 de enero de 2008

Dolor de cabeza

Cuando al fin se despertó, al reloj se le había olvidado andar, el aroma del café no era más que un recuerdo y no tenía ningún abrazo cubriendo su pecho.

Frío.

De poco valía todo el sudor que había soportado sin pronunciar palabra aquel edredón, de poco no, de nada.

Quería levantarse, quitarse el traje de madera que su subconsciente empezaba a construir y gritar: ¡Basta ya! Pero hasta los pensamientos se cansaban de sí mismos.

La última vez que vio su cara fue por error: se había agachado a secar la leche derramada por la rabia y un segundo antes de que el viejo calcetín que hacía de trapo se inundase con el alimento huido, el reflejo de su rostro en el blanco lienzo le abofeteó.

¿Por qué me miras con tanta pena? Yo no soy quien ha decidido dejar de vernos, yo no he tirado los espejos a la basura, yo no...

No le dejó hablar más; golpeó con saña el suelo con el sorprendido calcetín, después con el puño abierto mientras las gotas de la blanca sangre de su enemigo estallaban salpicando su cara.

Cuando se tranquilizó aun tenía ganas de vomitar, pero se limitó a odiarse a si mismo una vez más, por no ser capaz de quererse; por no ser capaz siquiera de soportarse.

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martes, 23 de octubre de 2007

Sombras chinescas a la luz de la luna

El domingo cuando anocheció en Navafría, subí al bosque a dar un paseo.

Ya lo sabes, me encanta caminar por el pinar envuelto en el manto de oscuridad que regala la noche. Puedes sentirte inmenso y diminuto a la vez, mientras te dejas acompañar por los sonidos del viento en las ramas de los árboles y el ulular de los búhos convocando a las hadas.

Animales que se saben en casa y se entretienen curiosos viendo como un extraño pierde sus pasos en su mundo; miradas atentas que aun sin poder ver, notas hilvanadas a tu figura, expectantes, en silencio.

Hasta que sin darte cuenta, te acercas demasiado a sus escondites y encuentras la respuesta de sus aleteos entre las copas de los pinos o sus saltos alejándose de tu paso, provocando que tu corazón bombee como si estuviese vaciando las bodegas de un barco que se hunde.

Pero no se hunde; navega como nunca: vivo, radiante, sin que importe lo que suceda mañana.


¿Y las sombras?

¿Las sombras que te acompañan cuando la luna es fuerte y no hay nubes que la impidan mirar hacia ti? ¿Las sombras que aparecen cuando el bosque les deja un huequecito por el que respirar?

Sí, esas sombras son otra droga dura; como tú. Una dosis brutal de adrenalina.


Sin buscarlo encontré el escenario ideal para hacer sombras chinescas: un foco de luz lunar a través de las ramas de los pinos, mucho más allá del Pozo Verde.

No pude evitar que se me pusiese la carne de gallina al ver como aparecían ante mí desde mariposas a seres sin nombre, convocados por el juego de mis manos, danzando al son de mis deseos, en mitad de ninguna parte. Volví a sentirme Duende, volví a creerme un duende, volví a sentir el duende.

Hay cosas que hay que hacer de vez en cuando, y este año, el embrujo de septiembre ha vuelto cuando le ha parecido: sin mirar el calendario. Sin fijarse en qué dirán.

¡Que Pipo os acompañe!

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viernes, 13 de enero de 2006

Aqueste es un mal vino

Si hay algo que mejora el sabor de un buen vino, es tomarlo con amigos aunque... ¡que coño! Incluso un mal vino gana mucho cuando se tiene a gente con la que compartir un buen brindis.

- Aqueste es un mal vino...
- ¿Qué dices?
- ¡Calla vino peleón!
Pues debían de haberte preso,
más nunca hallé mejor prisión
que entre mis tripas y huesos.
¡¡SALUD!!

Este es un mensaje patrocinado por la Plataforma para la imposición del Tapeo como Deporte Olímpico.

¡No más cervezas sin tapa!
¡Quiero sidra de barril!
¡No más refrescos en lata
y que llueva vino en abril!

¡Que Pipo os acompañe!

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lunes, 12 de diciembre de 2005

No papá, lo digo en serio

Y allí estaba yo, con cara de no haber roto un plato en la vida, pero sabiendo que si alguien tenía la culpa, ese era yo.

¿Quién mandaría a mi padre conocer a mi madre?
¿Quién le mandaría intimar con ella?
¿Quién dejaría llegar tan lejos a ese maldito espermatozoide?
¿Quién me mandará ahora a mi... seguir su enfermizo ejemplo?

-¡A cenar George! Que sino papá no te va a dejar ir a jugar a las guerras con tus amiguitos.
-Ya voy papá. Tengo que cenar muy deprisa porque he quedado con mis amigos para bombardear ese hormiguero que acapara cáscaras de pipas en el parque. ¡Seguro que tienen algún plan para destruir el mundo!
-Ay, hijo mío... ¡Que imaginación tienes!
-No papá, lo digo en serio.

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