Independencia.
cimbreante ser que miente santa madre de serpientes
que deja caer sus manzanas saltando las aduanas
desgajando las aceras, al marcar con sus caderas
ritmos que llaman ternura, a lascivias y diabluras
por espiar donde vaya, los gestos que nunca ensaya
para acabar... poco importa, regalándole mi aorta.
Te quedas observándola una vez más, al frío calor del sol de invierno, y de pronto te fijas en una sombra, con cuerpo y color, que cuelga de su mano y corretea cuando le dejan; una copia exacta de ella, una imagen hecha a escala, a otro tamaño y más tierna.
- ¿Dónde vas? - Te preguntas expectante sentado en tu oscuro banco de piedra fría y discreta; y ella, sin buscarlo, te responde al parar junto a una escuela.
- No te pierdas Libertad, lee de su alma y sus huellas, para aprender lo que digan, hay que tener gran conciencia, pues ni ellos saben todo, ni tu saber es certeza. Escucha, pregunta y discute, da la razón si la llevan, pero ni una sola vez, calles si no crees en ella. Dame un beso Libertad y siembra paz en esta guerra.
¡Que Pipo os acompañe!
Etiquetas: Divagaciones, Poesía, Relatos



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