domingo, 23 de abril de 2006

La teoría de los gatos voladores

Después de muchas horas de intensa búsqueda entre los grimorios de física absurda de la Gran Biblioteca de Navafría City, mi gran colaborador Félix ha encontrado un códice en el que se explica de forma exacta una de las teorías más rocambolescas y no por ello menos ciertas que hayamos encontrado jamás.

El autor de esta teoría es desconocido para nosotros, y esto nos llena de pena pues sin duda una mente tan preclara puede estar en disposición de realizar otras muchas teorías de igual o mayor valía. Si alguien es capaz de poner luz sobre este punto, por favor, que lo haga.

He aquí la Teoría de los Gatos Voladores

Si dejas caer una tostada con mantequilla, caerá al suelo con la cara de la mantequilla hacia abajo. Si un gato se deja caer de una ventana u otro lugar elevado, aterrizará sobre sus patas. Pero ¿qué pasaría si atásemos una tostada con mantequilla al lomo de un gato, con la parte de la mantequilla hacia arriba? ¿Caería el gato sobre sus patas, o la mantequilla se untaría sobre el suelo?

Bien tras exhaustivas investigaciones y las consiguientes pruebas de campo llegamos a las siguientes conclusiones: Las leyes de la mantequillología requieren que la mantequilla toque el suelo, y las igualmente estrictas leyes de la aerodinámica felina requieren que el gato no puede caer con su espalda. Si el conjunto combinado tuviese que aterrizar, la Naturaleza no tendría forma de resolver esta paradoja. Por tanto, simplemente no caería.

Un gato con mantequilla, una vez liberado, se moverá rápidamente hasta una altura donde las fuerzas de retorcimiento gatuno y la repulsión de la mantequilla estén en equilibrio. Este punto de equilibrio puede ajustarse raspando un poco de la mantequilla, proporcionando poder de ascensión; o quitando algunas de las patas del gato.

La mayoría de las especies civilizadas del Universo ya usan este principio para hacer funcionar sus naves mientras están dentro de un sistema planetario. El fuerte zumbido que oyen la mayoría de los que avistan OVNIs es, de hecho, el ronroneo de varios cientos de gatitos.

El obvio peligro es, por supuesto, que si los gatos consiguen comerse la mantequilla de sus espaldas, caerán inmediatamente. Por supuesto los gatos caerán sobre sus patas, pero esto normalmente no les resulta muy beneficioso puesto que inmediatamente después de efectuar su gracioso aterrizaje, varias toneladas de nave espacial al rojo vivo y aliens desconcertados se estamparán sobre ellos.

No nos queda más remedio que quitarnos el sombrero ante tamaña demostración de física absurda. Seguiremos rastreando entre los más oscuros rincones de la Gran Biblioteca de Navafría City, con un único fin: Encontrar todo el saber que allí se oculta.

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