¡Ay! Si fueras una cabra...
Todo prohombre ha entonado esta canción antes de embarcarse en los grandes proyectos de su vida y si alguno que yo me sé que más que prohombre es protozoo (al menos en cuanto a capacidad mental) la hubiera entonado a tiempo quizás ahora estaría haciendo quesos en un cubo de madera en lugar de sangre en un mundo de plástico... y petróleo.

En fin que aquí os dejo sin lugar a dudas las palabras más tiernas que ha recibido nunca una cabra:
"Agamenón y la cabra"
En una pradera idílica, placentera y rumorosa
vivía el Agamenón con su cabra Sinforosa.
Retozaban todo el día sin otra preocupación
que ordeñarla por las noches musitando esta canción:
¡Ay! si fueras una moza te daría un revolcón
como el César a Cleopatra, Josefina a Napoleón.
El romance terminó expropiando la pradera
y montando en su lugar una gran central lechera.
Y la cabra tiró al monte y él emigró a la ciudad
y añorando a Sinforosa, no paraba de cantar:
¡Ay! si fueras una moza tú me habrías sido fiel
cual Quijote a Dulcinea o los amantes de Teruel.
Y Agamenón se casó con una moza menuda
con los ojitos saltones, pechugona y bigotuda.
Retozando en la moqueta, cada noche Agamenón
la ordeñaba dulcemente, entonando la canción:
¡Ay! si fueras una cabra, te amaría "cago en dies"
como Romeo y Julieta o Don Juan y Doña Inés,
como el oso y el madroño o Menéndez y Pidal,
como Daoíz y Velarde, como Ramón y Cajal.
Que habría sido de nuestro mundo sin La Trinca. Mi más sincero aplauso.
¡Que Pipo os acompañe!
Etiquetas: Divagaciones



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