sábado, 4 de febrero de 2006

¡Ay! Si fueras una cabra...

Pues me dio por ponerme a recordar mi tierna infancia en los montes sarracenos entre animales mitológicos y niños de otros planetas y fue empezar a evocar imágenes de aquellos días y comenzar a escuchar simultáneamente una obra maestra de la música de nuestro tiempo, y un bello alegato del amor en su estado más salvaje, en su origen, en su forma animal.

Todo prohombre ha entonado esta canción antes de embarcarse en los grandes proyectos de su vida y si alguno que yo me sé que más que prohombre es protozoo (al menos en cuanto a capacidad mental) la hubiera entonado a tiempo quizás ahora estaría haciendo quesos en un cubo de madera en lugar de sangre en un mundo de plástico... y petróleo.


En fin que aquí os dejo sin lugar a dudas las palabras más tiernas que ha recibido nunca una cabra:

"Agamenón y la cabra"


En una pradera idílica, placentera y rumorosa
vivía el Agamenón con su cabra Sinforosa.
Retozaban todo el día sin otra preocupación
que ordeñarla por las noches musitando esta canción:
¡
Ay! si fueras una moza te daría un revolcón
como el César a Cleopatra, Josefina a Napoleón.
El romance terminó expropiando la pradera
y montando en su lugar una gran central lechera.
Y la cabra tiró al monte y él emigró a la ciudad
y añorando a Sinforosa, no paraba de cantar:
¡
Ay! si fueras una moza tú me habrías sido fiel
cual Quijote a Dulcinea o los amantes de Teruel.
Y Agamenón se casó con una moza menuda
con los ojitos saltones, pechugona y bigotuda.
Retozando en la moqueta, cada noche Agamenón
la ordeñaba dulcemente, entonando la canción:
¡
Ay! si fueras una cabra, te amaría "cago en dies"
como Romeo y Julieta o Don Juan y Doña Inés,
como el oso y el madroño o Menéndez y Pidal,
como Daoíz y Velarde, como Ramón y Cajal.

Que habría sido de nuestro mundo sin La Trinca. Mi más sincero aplauso.

¡Que Pipo os acompañe!


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