viernes, 13 de enero de 2006

Crónicas Komandinas: En Segovia III


Después de una larga espera de unos segundos ha llegado el momento de publicar la tercera entrega de las "Crónicas Komandinas: En Segovia". Nuestros amiguitos se enfrentarán de nuevo a los Sacacuartos después de haber sido herido su orgullo en el anterior encuentro y hallarán a un poderoso enemigo... El Bigotudo de la Secreta.

Ya al día siguiente se levantaron al alba (alba = 13:00 aprox) dispuestos a adquirir más pasta anti-espíritus en la caverna de los Sacacuartos, pero esta vez iban preparados y levantaron 6 conjuros de sordera para no oír los cantos de sirena que de allí provenían, finalmente llegaron y compraron 8 nuevos tarros de pasta (pensaban comprar 6 pero la magia de allí era poderosa y nuestros amigos un poco tontos así que...)

Ya con la pasta dispuesta se prepararon para el último y desesperado intento de sacar de una vez por todas al maléfico espíritu de su prestada morada, esta vez atacaron con fuerza y decisión, la lucha fue encarnizada y se prolongó durante horas que parecían interminables, pero al final se impuso la voluntad de los poderosos magos y la mancha quedó reducida a una sombra de lo que en un principio fue y de paso se masacraron también unas goteras que allí había (paque aprendan) después de acabado, se sopeso la idea que la noche anterior había enunciado Remigius acerca de ir al burgo de Valladolid a saborear las pociones de siempre pero con un toque de magia local, el Porlacara, conjuro que nuestros amigos conocían bien y que todo mago que se precie siempre intenta dominar durante toda su tunante vida. La idea no sedujo a algunos que veían un serio inconveniente económico y además Jesux sospechaba que una marcha antes de tiempo haría que el espíritu no fuera purgado con total eficiencia, así que se quedaron y echaron una partida de mus cuyo final no recuerdo y bla bla bla.

Ya por la noche, todos estuvieron de acuerdo en lanzar el canto mágico del “Hoy pinchamos” a ver si la diosa de los feos y los tontos se apiadaba ellos (se apiadó de 2 por cierto, ahora lo cuento). Primeramente fueron a un karaoke en el que se encontraron a unos curiosos enanos, enanos mentales claro, que no paraban de hacer las monerías más sorprendentes...la noche se presentaba como un calco de lo anterior hasta que Segovia (no con mayúscula por nombre propio, sino porque representa al ser malicioso y pícaro que controla las vidas de todos los que por sus calles y plazas pasan) se apercibió de que el Komando estaba por allí y decidió divertirse un poco a su costa. Primeramente metió en la cabeza de algunos una voz que obligaba a cantar “ES-TA-FE-TA, ES-TA-FE-TA”, así nuestros amigos presos de una desbordante alegría y desparpajo, provocado en parte por Segovia y en parte por las pócimas espirituosas de las que el Komando es tan amigo, lanzaron un conjuro de transformación sobre unos cubos de basura que convirtieron en bravos miuras y que empujados por Danilus y Jesux causaban gran temor y algarabía en sus compañeros, pero Segovia, que da una de cal y otra de arena, convirtió un coche normal y a un bigotudo normal que por allí pasaban en un puto coche de la secreta y en un bigotudo con placa, que enseguida acabó con la ilusión de los dos magos, que primero lanzaron el conjuro Hacerseelsueco que reforzado por el de Paco Zorra y los demás que invocaron el Aquínohapasaoná consiguieron evitar la mazmorra (que no asustaba mucho) y las multas en pecunias (que asustaba más).


Y hasta aquí llega la tercera entrega de las "Crónicas Komandinas: En Segovia". El final ya está próximo, y es que en la última entrega de las crónicas nuestros valientes amiguitos se enfrentarán a su archienemigo, el más poderoso de los hechiceros de Segovia... ¡el HH!

¡Que Pipo os acompañe!

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