Pipolarre II

Año 2001
4 de Junio
Tras la pérdida de mis fieles compañeros durante este angustioso camino del que desconozco su final, voy, aunque totalmente desconcertado, hacia aquel lugar al que mis conocimientos me llevan. No existe el porqué, ni el como, sino una fuerza interior y extraña, fría como el hielo, absurda y sin razón, que espero descubrir llegado el momento. No hay ruidos, ni voces, no creo que sea capaz de pronunciar una palabra, pienso que el silencio que me rodea merece un profundo respeto. Procuro andar un poco cuidadoso, pues los chasquidos que hago con la gravilla del camino al andar hacen de ésta noche la más horrible de todas. Llevo pocos víveres pero no importa, el pueblo está a dos días.
Dichoso fuese el momento en que decidimos venir a estos lugares a acampar. Ahora solo quiero buscar el origen de la caída de mis amigos, y sobre todo de este aro de metal ennegrecido por el tiempo o por sabe Dios "qué".
5 de Junio
He conseguido encontrar un recodo en unas rocas donde al menos el Rocío del amanecer no ha helado mis huesos. He perdido el aro de metal, probablemente se me cayó de la mano cuando dormía. ¿Puede tener esa anilla algo que ver con todo esto?, ni idea pero no me pararé a averiguarlo. Debo continuar, y encontrar, lo que mi alma me pide. Anoche desperté entre sueños, escuché risas, palabras extrañas, aquello me convenció de que debía seguir hacia delante, de no echarme hacía atrás. Cualquiera hubiera salido por patas, pienso yo, pero tampoco quiero hacerme el duro, mi misión es descubrir el final, la meta de este asqueroso y maldito sendero mental sin sentido.
Es la hora de comer. No me queda nada más que un poco de bollo artesano del pueblo y una lata de magro de cerdo. Después de la comida he necesitado un poco de agua, y he encontrado un fresco riachuelo que sale de las montañas. Entre unos matorrales que son bañados por el río se han escuchado unos ruidos, me he acercado, y allí he hallado una hermosa y plateada trucha, sufriendo y aleteando, atravesada por un tenedor de afiladas púas, y clavada de una forma bestial en la cara vertical y plana de una enorme roca. La sangre que derrama el pez entre los extraños surcos de la piedra ha formado el horrible y maldito símbolo que todos conocemos como: El Anticristo.
Tras derramarse la última gota de vida del animal, no he hecho más que intentar desclavar el pequeño tridente de la trucha, pero está sujeto con fuerza, como si formase ya parte del pescado y de la roca. La sangre permanece en los surcos y resecándose. Se trata de un símbolo; de alguna señal; alguien o algo me quiere indicar, pero ¿el qué? y ¿a dónde?
Llegada la noche he preferido dormir en un refugio del bosque que he visto media hora antes de llegar al riachuelo. No sé a cuanto estoy del pueblo, pero juraría que no me falta mucho. Pienso que aquella fuerza invisible que me llevaba casi arrastras y contra mi voluntad era única y exclusivamente mi deseo por llegar a casa. El mero hecho de pensar que debo estar a pocos kilómetros de Navafría, me ha subido el ánimo, y una vez bien recogido dentro de la cabaña me he dignado a hacer una buena fogata, y a descansar junto a ella. Me importan seis cojones la trucha, el tenedor, la anilla y el anticristo. Lo que si que hago es echar de menos a mis colegas, ¿que habrá sido de ellos?
6 de Junio
12:00 de esa misma noche. Un extraño bufido proviene del interior del fuego, las llamas han aumentado. Tendré que quitar unos cuantos palos. Cuando ya ha parecido estar todo controlado, y la chasca casi en ascuas, las llamas vuelven a reanimarse de repente. Una bola de fuego con forma de cabeza sale disparada del interior de la hoguera hacia mí, y aunque he logrado esquivarla no he podido hacer lo mismo con algo que ahora tengo clavado en el costado. Hay que apagar el fuego. He visto una botella de litro de agua, buscando por el refugio, sin duda la he echado toda sobre la fogata, pero la ha reanimado en lugar de matarla. Cuando huelo el interior de la botella me doy cuenta que lo que he vertido en el fuego no era más que disolvente para pinturas. El profundo olor del producto y la excesiva pérdida de sangre causada por...he logrado quitarme lo que tengo en el costa...do...es...el tenedor. No entiendo como ha podido llegar a parar aquí, si no pude sacarlo de la pie...dra. He caído al suelo, las voces y risas de la otra noche ahora son claras, y a la vez oscuras.
Una pequeña sombra, avanza hacia mí con un trozo de madera, atravesada en un extremo por una punta que brilla con fuerza por el reflejo del fuego que ahora llega hasta el techo. La pequeña criatura avanza hacia mí. He aquí el final de todo esto. Quizás si hubiese conservado la anilla me hubiese salvado...pero no puedo hacer ya nada. Puedo, y quiero verlo: pelo rojo, cejas azules, rostro blanco, ojos verdes, y la completa profundidad con la que me llegan sus palabras:
ña...ña...ña...¡¡¡MUERE!!!

Etiquetas: Proyectos



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